Tuesday, April 18, 2006

FACTORES QUE MOTIVAN LA MIGRACIÓN INTERNACIONAL


1. La crisis económica

Entre 1965 y 1980 la tasa de crecimiento del Perú cayó bastante por debajo de los países latinoamericanos, manteniéndose entre 0.5% y 0.9%, y durante los años ochenta experimentó una dramática caída hacia cifras negativas llegando a un -3.4%.

«Aunque el PNB per cápita disminuyó en toda la región durante la crisis de la deuda de esa década, la caída en el Perú fue tres veces más profunda que la del conjunto de la región. Para 1992, el producto per cápita había retrocedido hasta los niveles de 1960 (Sheahan, 2001:32), es decir, a 1,287 dólares constantes de 1998. Como puede observarse en el cuadro 1, en la década de los 80 el Producto Bruto Interno (PBI) se redujo en un 10%, un salario en base 100 en el año 1980 se había transformado en 41 en el año 1992, y el salario mínimo basado en una base 100 en 1984 a 24,1 en 1990 (Zorogastua, 2000).

Si a esto añadimos que la población definida como pobre representa un 52% de la población urbana y un 72% de la rural en 1993 (PNUD 1996), podemos afirmar que la distribución del ingreso en el Perú no era equitativa. Por ello, en el informe de desarrollo humano del PNUD se menciona al Perú como uno de los países que en la última década han empeorado sensiblemente en cuanto a la distribución de la riqueza (Tornos y otros, 1997; C. Parodi, 2001).

El Censo Nacional de 1993 registraba un 54% de hogares y un 57% de la población por debajo de la línea de pobreza. En 1998 se estimó que el 65% de la población se encontraba en situación de pobreza, y un 54% de ésta en situación de pobreza extrema.Los cuadros 1 y 2 muestran claramente la evolución de la crisis económica de los 80, que en 1987 llegaría a romper récords históricos con una inflación del 1 700%, en un solo mes, setiembre llegó a 1145.

Los resultados ocurridos durante el gobierno del presidente Alan García Pérez, fueron catastróficos.Pues, tras una reactivación económica iniciada en 1985, comenzó un periodo de creciente inflación y recesión, produciéndose una debacle económica que culminaría en 1989. Los empleados públicos perdieron dos tercios de sus ya devaluados sueldos en diciembre de 1987 y diciembre de 1988.En la actividad privada las consecuencias fueron similares.

Los sueldos reales promedio en octubre de 1998 eran 65% menos que en diciembre de 1987, y los salarios descendieron a menos de la mitad entre esas dos fechas (Tornos y otros, 1997; Zorogastua, 2000). El mercado laboral formal en el Perú se ha reducido en los últimos años debido a la crisis económica. La exigencia de una preparación educativa ardua para puestos de trabajo que no están a la altura de dichas exigencias, limitan las opciones de la mayoría de peruanos.El paulatino cierre de empresas y grandes fábricas, así como la reducción del aparato estatal y los despidos masivos, han hecho del mercado laboral peruano un lugar en donde la demanda abunda y la oferta reducida tiene todas las ventajas para poner las reglas de juego y realizar una explotación disfrazada con la identificación institucional.

La clase baja y media comparten el ajuste de tiempos para hacer frente a la precariedad y la reducción del nivel de vida. La simultaneidad de empleos es un hecho común, entrando a menudo en el sector informal o instalándose por cuenta propia en pequeños negocios inestables que movilizan los recursos humanos de la familia como la sastrería, venta de comida rápida, bodegas, etc.Los profesionales muy calificados comparten tiempos de trabajo y formación con el objetivo de asegurar la movilidad profesional, pero en general están sobrecalificados para los puestos que ocupan y no justamente remunerados.

2. La violencia política

Entre 1980 y el 2000, el Perú vivió una situación de violencia política sin precedentes, que dejó un doloroso saldo de asesinatos, secuestros, desapariciones forzadas, torturas, detenciones injustas, graves crímenes y violaciones a los derechos humanos.A la larga historia de conflictos culturales, a la discriminación racial y étnica5, la violencia estructural, la violencia del narcotráfico y la delincuencia común, se sumó la violencia política desarrollada por Sendero Luminoso (SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

Esta violencia política desatada por estos grupos subversivos durante la década de los 80 y principios de los 90, en casi todo el territorio peruano fue duramente reprimida por el Estado.La zona centro-sur del país fue declarada en emergencia y sometida a un riguroso control militar; sin embargo, esta estrategia no logró acabar con la subversión. Las víctimas producidas por la violencia política en el Perú entre 1980 y el 2000 suman, según el informe final de la Comisión de la Verdad, 69 mil muertos y desaparecidos, de los cuales «el 75% de las víctimas fatales tenían como idioma materno el quechua» (Comisión de la Verdad, 2003).

Durante estos años de terrorismo, las zonas más deprimidas comenzaron a expulsar paulatinamente a la población de los ámbitos rurales a los ámbitos urbanos, así como de la sierra y selva a la costa, principalmente a Lima, que se ha convertido en el gran núcleo de recepción de la población migrante, y a la vez trampolín para que los peruanos se abran hacia nuevos horizontes. (Tornos y otros, 1997; Meneses, 1998; Stern, 1999; Zorogastua, 2000).

3. La violencia social

La violencia en la sociedad peruana se ha convertido en un elemento cotidiano. Dejando atrás los años de violencia política, esta ha pasado a ser una forma de expresión de la marginación y las demandas insatisfechas. Las situaciones de violencia física se han incrementado, sobre todo en el sector juvenil (pandillas juveniles, barras bravas, etc.), originando un proceso de exclusión social y desintegración.

Este hecho, que atraviesa clases y diferencias sociales, es identificado por los inmigrantes como uno de los factores de los problemas estructurales de la sociedad peruana.La inmensa mayoría de los entrevistados presenta la violencia como un elemento importante en algún momento de su discurso. Entre las 100 encuestas efectuadas, aparece como segundo tema de preocupación, con un 19% de las respuestas. Un 13% manifiestó haber sufrido asiduamente agresiones, amenazas de muerte o la colocación de explosivos cerca de su vivienda o centro de trabajo.

Sin embargo, es la minoría quien ha Conseguido el permiso de residencia en España a través de la condición de asilado político (Zorogastua, 2000).El conjunto de desequilibrios sociales analizados y la experiencia de la incertidumbre, han generado en Perú un retraimiento general y un dejar hacer, dejar pasar, que dificulta la búsqueda de mecanismos de inserción ajenos a los ya conocidos y que alimenta más la idea de inmigración al exterior.

Fuente de Información completa:

http://sociales.unmsm.edu.pe/Fondo%20Editorial/pdf/collaton%20rosario.pdf